Vida y Espiritualidad de Félix de Jesús Rougier


Misioneros del Espíritu Santo
Vida y Espiritualidad del
Venerable Félix de Jesús Rougier, M.Sp.S
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Ricardo Zimbrón L., M.Sp.S.

 

 
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CAPÍTULO XVIII

EL HIJO
 

Hemos estudiado en el capítulo anterior como Dios Padre, la primera persona de la Santísima Trinidad, ocupa el lugar central en la espiritualidad del padre Félix, que no es otra sino la espiritualidad de Cristo, Sacerdote del Padre y ofrenda para el Padre.  

Veamos ahora como el Verbo hecho carne, el hijo eterno del Padre nacido de María, se integra con perfecta unidad en la espiritualidad del padre Félix.

Jesús nos dice: "Nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo" (Mt. 11.27). "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede llegar al Padre sino es por mí" Jn. 14,6. "Nadie ha visto jamás al Padre; el Hijo único, que es Dios, y que vive en íntima comunión con el Padre, es quien nos lo da a conocer" (Jn. 1.18). "Ninguno ha vista al Padre; el único que lo ha visto es el que ha venido de Dios" (Jn. 6.46).

Así pues, no podemos hablar de amor y de devoción al Padre desligados del único camino hacia él, del único que conoce al Padre, del único que nos lo puede revelar.

Por otra parte, si Jesús es quien conoce al Padre, ¿quién otro puede ser el modelo de amor y devoción a ese Padre? Si él es el Hijo único por naturaleza, ¿de quién más podemos aprender a ser verdaderos hijos?

Y por último, si somos hijos del Padre, es porque participamos de la misma vida divina del Hijo: "Yo soy la vid verdadera y mi Padre es quien la cultiva. Yo soy la planta y ustedes las ramas. El que permanece unido a mí, y yo a él, da mucho fruto, pero sin mí, ustedes no pueden hacer nada. El que no permanece unido a mí será echado fuera, y se secará, como esas ramas que se recogen y se queman en el fuego" (Jn. 15.1,6). Nuestra unión espiritual con Jesús, por haber creído en El y porque lo hemos acogido con todo nuestro ser, es 1o que nos da derecho a ser hijos de Dios con El y como El: "A quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios. Y son hijos de Dios, no por el nacimiento natural que tiene como origen el deseo de un hombre, sino porque Dios nos ha engendrado" (Jn. 1.12). 

De los textos bíblicos que he citado, se desprende con toda claridad la unidad que existe entre nuestra relación con el Padre y nuestra relación con el Hijo. Es la unidad que tienen el camino y la meta, el río y el manantial, la promesa y la condición. Es la unidad sustancial que tienen el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.

Veamos ahora algunos textos selectos de las cartas y escritos del Padre Félix, sobre el tema que ahora nos ocupa.

 

JESÚS NUESTRO REDENTOR

“¡Alegrémonos en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual está nuestra salvación, nuestra vida, nuestra resurrección!

Cuando decimos LA CRUZ, debemos entender JESUCRISTO CRUCIFICADO. Nos alegramos porque con su crucifixión nos rescató, nos redimió, nos mereció todas las gracias, y la vida eterna. Todo eso lo tenemos gracias a Jesús, crucificado por nosotros. Y nos alegramos hay con la gratitud y el amor, al contemplar lo que Jesús ha hecho por nosotros. Me amó y dio su vida por mi" (Gál. 2.20) (1)  

"Que la preciosa sangre de nuestro Señor Jesucristo purifique y riegue sin cesar sus almas, porque es un río divino que corre incesantemente en la Iglesia para lavar nuestras culpas y llevar la vida divina a todos y cada uno. Yo deseo mucho que le tengan devoción a la Preciosa Sangre de Cristo. Decimos "Preciosa" porque su PRECIO es infinito.

Creo que nunca he tenido ocasión de hablarles de este tema, pero pronto lo haré". (2)

"Yo le pido todo al Padre, y con entera confianza, EN NOMBRE DE JESÚS, como nos enseña la Iglesia: "Por Cristo nuestro Señor". Porque yo no tengo nada propio que me haga merecedor de que el Padre me escuche, pero tengo a Jesús, tengo sus méritos. ¡Ah, ese Cristo... Nuestro Jesús! ¡Cómo lo debemos amar, a El que tanto nos ama!". (3)  

"Si vieran cuanto me ha costado no poder comunicarme con ustedes y no poder contestar sus cartas, como me hubiera gustado... Pero he pedido mi curación al Divino Padre EN EL NOMBRE DE JESÚS, y por eso estoy segura que me la concederá". (4)  

Jesús quiere que me abandone en sus manos, con toda confianza. Y yo creo firmemente que El me ha perdonado como solo Él sabe hacerlo; y que me ama con misericordia infinita. ¿Cómo no confiar sin límites?" (5).

"¡Oh Jesús, no has podido defenderte del amor!... Y me has amado hasta morir por mí en una cruz... ¡Oh Jesús, yo quiero darte sangre por sangre, y vida por vida! ". (6)


LA UNIÓN CON JESÚS

"La unión con Jesús, para ir al Padre, bajo la moción del Espíritu Santo, es el centro de toda nuestra vida espiritual". (7)

"Sobre todo y ante todo, la unión con Jesús. Es el único camino para llegar al Padre. Él lo dijo: YO SOY EL CAMINO, NADIE LLEGA AL PADRE SI NO ES POR MI. (Aquí interrumpe esta carta, solo añade); Ya no puedo escribir más, a causa de mi mala salud... Pero voy mejorando". (8)

"Si no llegamos a la unión intima con Cristo, no realizaremos la voluntad de Dios. Nuestra vida, amados hijos, hasta nuestro último suspiro, no debe ser otra cosa que continuar la acción de Jesús, la obra de Jesús, bajo su amoroso impulso". (9) 

"Vamos a esforzarnos para que en nuestras vidas haya más oración para estar más unidos con Jesús, porque ese es el único media para ganar miles de almas para Dios. Tenemos que ser otros JESÚS, y es eso lo que más deseamos". (10)

"Ver por los ojos de Jesús y que Jesús vea por los nuestros. Hablar como hablaba Jesús, y que sea Jesús el que hable por nuestros labios. Amar como amaba Jesús, y que Jesús ame con nuestro corazón. Vivir como Jesús, y que sea Jesús nuestra vida.

¡Qué hermoso programa! Pero esto supone una gran intimidad con Jesús, una unión especial de corazones, una confianza total, una fe viva en que todo está perdonado y olvidado, y que vivimos con Jesús en una franca atmósfera de amor.

Profundicen cada uno de estos pensamientos, porque son un manantial de santidad. Solo este programa bastaría para destruir todas nuestras imperfecciones". (11)

"En todos sus actos mire solo a Jesús, y desprecie el que dirán. Vea todo a través de los ojos de Jesús. Esto es lo mismo que decía San Pablo: "Ya no vivo yo, ya es Cristo quien vive en mi" (Gal. 2.19). (12)  


LA TRANSFORMACIÓN EN CRISTO
 

"Copiar a Jesús, transformarnos en Él, es el ideal de los ideales; lo demás no tiene importancia". (Carta a Roma 3 de julio 1927).

"Tengan presente, todos y cada uno, que vinieron a la Congregación para transformarse en Jesucristo, y ser hasta donde sea posible, cada uno, otro Jesús: "A los que eligió, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo". Rom. 8.29. (13)  

"Cada uno en el ministerio tendrá que ser OTRO JESÚS. Esa es la condición para que puedan salvar a las almas; transformarse en el único Salvador. Así que la vida espiritual es sencilla, se trata únicamente de nuestra transformación progresiva en Jesús, y de conocer los medios que nos ayudarán para irlo logrando". (14)  

"Le he pedido mucho al Verbo encarnado que nos bendiga a todos juntos, y que nos conceda a cada uno no solo vivir unidos a Él, sino irnos transformando de veras en Él. ¡Ah, si comprendiéramos que allí está el todo de nuestra pobre y preciosísima vida!...". (15)  

"La gran tarea que Jesús nos ha confiado a cada uno, es nuestra transformación en Él.

Y no digamos, amados hijos, que es difícil, que es imposible. No, Jesús no nos exige cosas que no estén a nuestro alcance.

Esa transformación, tan deseada por Jesús, y tan preciosa para nosotros, está ya empezada. Jesús mismo nos lo explica en la parábola de la levadura que una mujer pone en tres medidas de harina. Esa harina somos nosotros. La Iglesia, que nos da a Jesús en el Bautismo, es la mujer. Jesús es la levadura que nos ha de transformar. Y con el tiempo fermentará todo, y llegará a ser un pan digno de la mesa del Padre Celestial. Solo nos falta corresponder a esa gracia, para irnos asemejando más y más a ese Jesús, que es todo nuestro ideal, toda nuestra esperanza, y todo nuestro amor". (16)  

“Yo quisiera que el Padre Celestial encontrara sus complacencias en cada uno de ustedes, por verlos cada día mas parecido al Hijo muy amado en quien siempre se complace. Esto es lo que nos dice el Espíritu Santo por boca de San Pablo: "Revístanse de nuestro Señor Jesucristo" Rom. 13.14. (17)  

A cuatro jóvenes que tomaron el hábito de Misioneros del Espíritu Santo, les dice:

"Nuestro hábito dice mucho, porque lleva la inscripción: JHS, que significa JESÚS SALVADOR DE LOS HOMBRES. Eso indica su misión y su ideal. Están destinados por Dios a salvar miles y miles de almas. Y ya les han contado, no diré lo que son, sino lo que desean ser los Misioneros del Espíritu Santo. Están llamados a ser lo que fue Jesús, para la gloria del Padre. Cuando uno es otro Jesús, es de verdad Salvador... Así que ustedes deben decir con frecuencia: Quiero ser otro Jesús, cueste lo que cueste. A eso han venido aquí a trabajar para ser otro Jesús". (18)


QUÉ ES TRANSFORMARSE EN JESÚS  

"Tengan la preocupación de hacer la voluntad santísima de Dios, de tal manera que esta divina voluntad sea su alimento, como fue el alimento de Jesús.

¡Cuanta perfección encierra la práctica de este propósito! El fin de toda vida espiritual es la unión con Dios, pero la unión con Dios no es sino la unión de nuestra voluntad con la voluntad divina. Ese fue el ejemplo esencial de Jesús; "Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado". (Jn. 4.34). "Yo he venido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado" (Jn. 6.38). "El que me ha enviado está conmigo, y no me deja solo, porque yo hago siempre lo que le agrada" (Jn. 7.29).

Así es como nos transformaremos en Jesús, haciendo cada día toda la voluntad del Padre, que creó nuestras voluntades para unirlas a su voluntad.

¡Oh Jesús amado, tu alimento será nuestro alimento, tu vida será nuestra vida; te prometemos que con el auxilio de tu gracia te seguiremos desde el pesebre de Belén hasta la Cruz del Calvario!" (19)

“Jesús quería que todo el mundo supiera que el amor a su divino Padre era lo que lo hacía tan fiel a su voluntad: "Para que el mundo sepa que Yo amo al Padre y que hago lo que el Padre me ha mandado, levántense y vamos" (Jn. 14.31).

¿Y cuáles son las características del amor de Jesús para con su Padre? Son estas nueve:

1.- Su amor fue radical: "Yo vine del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la de mi Padre" (Jn. 6.38).

2.- Fue obediente: "He guardado los mandatos que me dio mi Padre" (Jn. 15.10).

3.- Renunció a sí mismo: "Yo no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. (Jn. 6.38).

4.- Fue un amor delicado: "Yo hago siempre lo que le gusta a mi Padre" (Jn. 8.23).

5.- Fue un amor de ternura: "Yo permanezco en su amor" (Jn. 15.10).

6.- Un amor de unión: "Mi Padre está en mí, y yo en Él". (Jn. 10.38).

7.- Fue un amor fidelísimo: "Padre, yo le he glorificado en la tierra, y he cumplido la obra que quisiste que hiciera" (Jn. 7.14).

8.- Un amor capaz de cualquier sacrificio: "El Padre me ama porque yo doy mi vida" (Jn. 10.17).

9.- Un amor filial y de abandono: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Luc. 23.46)

La unión de infinito amor que unen desde siempre, en la eternidad, al Padre y al Hijo, sigue siendo la misma después de la Encarnación, cuando el Hijo vino a la tierra a cumplir la misión recibida del Padre. Imagínense que grande y que perfecto debe ser nuestro amor y nuestra entrega al Padre, para poder decir que somos una copia de Jesús. Pero es el mismo Padre el que nos envía a nosotros también, así que ¡adelante y arriba! ¡Hasta el monte Santo, hasta el Tabor, hasta el Calvario, hasta la eterna gloria!...

¡Qué hermoso programa de vida! ¡Dar gloria al divino Padre imitando siempre a Jesús, haciendo como Él su voluntad! (20)  

"Que sea usted una copia viva de Jesús: obediente, manso, humilde, ame ante de la vida oculta de Nazareth; y luego un verdadero apóstol como Jesús: en el monte, en el mar, en la ciudad, entre multitudes, entre los enfermos, con los niños, con los pobres, con todos... Y con Jesús al Tabor, y con Jesús al Calvario, para de allí subir con Él a la eterna gloria". (21)

A los novicios, en un día de retiro les explicaba así en qué consiste la transformación en Cristo: “El novicio que quiere ser como Jesús, se esfuerza por ser obediente y dócil, humilde y modesto, pobre y desprendido de todo, puro y sin mancha de pecado, compasivo y generoso, recogido y silencioso; así era Jesús. Y era además penitente y mortificado, prudente y circunspecto, ordenado, abnegado, hombre interior, todo en Dios. Y amó a todos hasta dar su vida en la cruz para salvarnos.

Si un novicio pone toda su buena voluntad para ser como Jesús, entonces el mismo Jesús lo recibirá como su discípulo y lo hará santo, lo hará feliz, lo hará su apóstol, lo abrigará en su corazón, lo amará como muy suyo, lo bendecirá al despertar y lo guiará en todo el día, lo custodiará siempre, lo guardará toda su vida, y estará con él en su muerte. (22)

"Entre nosotros no hay más que un maestro: JESÚS. Y todos trabajamos con entusiasmo por seguir sus pasos: Pensando como Jesús, hablando como Jesús, viendo las cosas y las personas como Jesús... ¡Oh Jesús amadísimo, esto es lo que te prometemos con toda el alma: seremos como tú, rectos, sencillos y buenos con todos! buenos con los sacerdotes a quienes amas con predilección. Buenos con los que nos aman y buenos con los que nos persiguen, como te persiguieron a ti. Buenos con las almas buenas, y más buenos con los pobres pecadores... Sí, con tu gracia, sabremos sacrificarnos por todos y ver a cada hermano con entrañable amor... Como tú". (23)

"Nuestro camino es Jesús crucificado. Sea usted como una hostia consagrada: llena de Jesús, nuestro Maestro y modelo. Un Misionero del Espíritu Santo debe ser mártir voluntario, aceptar cualquier cruz por amor a Jesús, mártir de su deber hasta la muerte, mártir de su apostolado hasta recibir la corona. Eso es ser una copia de Jesús" (24)


EL AMOR A JESÚS

"Pídanle a Jesús que lo amemos apasionadamente. Esa es mi oración constante. Eso es lo que pido para mí y para cada uno de ustedes". (25)

"Ame a Jesús con todo su entusiasmo, ámelo sin medida. Él es su Sostén, su Luz, su Vida, su Esposo, su Todo". (26)

"Jesús la ama, hija, como Él solo sabe amar. ¿Cómo lo ama usted? ¿Verdad que sin límites? haga mucha oración cuantas veces pueda durante el día, vaya a saludar a Jesús, y dele las gracias mil y mil veces por todo lo que ha hecho por nosotros; devuélvale amor por amor. Sea fiel a Jesús y sea feliz en su amor". (27)  

"¡Dios, Dios, Dios!... les he repetido miles de veces y ahora digo también con mucha frecuencia: ¡Jesús, Jesús, Jesús, Jesús!... Y al decir JESÚS, veo todo lo que Él ha hecho por nosotros... Por amor a cada uno Él lo dio todo... ¿No es Justo darnos a Él y amarlo sin medida?  

Cada día lo vivimos en el amor de Jesús. La mirada de Jesús resucitado es de amor infinito e incomparable sobre cada uno de nosotros. "Vive siempre para interceder por nosotros ante el Padre", y nos obtiene más y más favores, más y más perdones, más y más misericordias.  

En medio de las sequedades luminosas de la fe, muy amados hijos, tengan presente siempre, y a todas horas, que Jesús los está mirando, y que esa mirada es de puro amor, y envuelve cada una de nuestras almas en su misma Alma.  

Que el mismo Jesús, que es toda nuestra esperanza, nos conceda lo único que deseamos: Ser suyos, hasta la más pequeña vibración de nuestro espíritu.  

Que Jesús nos guarde a todos en su amor, y en el de su divino Padre, y en el del Espíritu Santo, los tres un solo Dios". (28)  

“Apenas entré a mi retiro hace dos días, y ya me veo como un leproso. Tengo la visión muy clara de un alma llena de miserias: ¡es la mía! Esto es muy doloroso y muy bueno. Pida junto conmigo un cambio radical de mi vida, una conversión completa.  

La bondad de Jesús para conmigo es tan grande, tan incompresible... Y mi ingratitud tan negra, en todos los campos...  

Pero tengo plena confianza, porque su misericordia es infinita para con los que lo aman, y a pesar de todo, yo lo amo de verdad". (29)  


JESÚS EN LA EUCARISTÍA  

Sería interminable este capítulo si quisiera escribir aquí todo lo que hay en las cartas y pláticas del Padre Félix sobre el amor a Cristo.  

Solo quiero añadir un aspecto muy marcado del amor a Jesús en la espiritualidad de nuestro fundador, y es su devoción a Jesucristo presente en la Eucaristía. Es verdad que Cristo, como Dios, está en todas partes, pero el hombre, el hijo de María, el Que se llamó Jesús, el Que vivió en la tierra y murió por nosotros, está solo en los esplendores de su gloria y en las hostias consagradas. Pues bien, siempre impresionó al padre Félix esa presencia física de la humanidad de Cristo en nuestros sagrarios. Y concretizó su amor y gratitud hacia Jesús dedicando muchas horas de su vida, del día y de la noche, a la adoración de Cristo oculto en el pan de la Eucaristía.  

Con mucha frecuencia hablaba a los novicios de "estar con Jesús ante el Sagrario", de "adorar a Jesús presente en la hostia consagrada", de "acompañar a Jesús que se queda solo en las iglesias", de "visitar a Jesús muchas veces al día" de "consolar a Jesús, y compensarlo, por tanto olvido, por tanta indiferencia, por tantos pecados..." 

Terminemos, pues, este capítulo, con algunos párrafos en los que el padre Félix nos habla del amor a Jesús Sacramentado:  

"La Eucaristía es la manifestación suprema del amor de Jesús, no solo para su Iglesia, sino para cada uno de nosotros. Así lo dice el Concilio de Trento: "Nuestro Salvador, antes de dejar este mundo, para volver a su Padre, instituyó el Sacramento de la Eucaristía en el cual derramó las riquezas de su divino amor hacia los hombres" (S.13. C.2).  

Si consideramos en la Eucaristía las tres dimensiones del amor que San Pablo admira en la Encarnación (Ef. 3.18), veremos que están también en este Sacramento admirable: en la profundidad no hay límites, porque es el infinito quien se nos da. En la anchura tampoco, porque se da a todos sin excepción. Ni en la longitud, porque se da a cada instante hasta el fin de los siglos.  

Aunque el Señor nos confié numerosos ministerios, el centro de nuestra vida es la Eucaristía. Nuestra alma no se aparta de ese centro, y allí encuentra nuevas fuerzas para su apostolado.

¡Más Sagrario, hijos míos, mas Sagrario en cada uno de nuestros días!" (30)

"Nuestra espiritualidad es de amor a Jesús Sacramentado. Guardamos nuestro corazón en el Sagrario, junto al Corazón de fuego de Jesús, para que nos enciende en su fuego y en su amor". (31)

"Cristo se queda presente en cada hostia consagrada, y allí actualiza su oblación sacerdotal, y nos invita a la unión intima y personal con Él. Por eso la oración ante el Santísimo Sacramento es nuestro modo característico de orar, y exige de nosotros particular fidelidad. Es así como nos unimos a Cristo en su continua glorificación al Padre y en su intercesión en favor de los hombres". (32)

"Dedicaremos cada día al Señor, una hora de oración ante Jesús presente, en el Sacramento de la Eucaristía.

Como una práctica muy conforme con nuestro espíritu y misión, recomendamos dedicar además un tiempo durante la noche a la adoración de Jesús Sacramentado, aún a costa de un especial esfuerzo". (33)

"Yo vivo una vida algo distinta ahora, con estos dolores que me han clavado a los pies de Nuestro Señor. No hago nada más que decirle que se haga su voluntad. Comprendo que estos días de dolor son días de gracias. ¡Y qué consuelo, aunque tan enfermo, poder pasar largas horas a los pies de Jesús en nuestra capilla!". (34)

CITAS

1.- Platica a los novicios. 14 sep. 1932.
2.- A las Hijas del Espíritu Santo. 3 marzo, 1929.
3.- Apuntes. 22 sep. 1929.
4.- Carta a la casa de Roma. 1 agosto 1930.
5.- Apuntes. 17 abril, 1924.
6.- Apuntes. 14 nov. 1921.
7.- A la casa de Roma. 13 enero 1932.
8.- Ibíd. 25 de oct. 1931.
9.- Plática a los estudiantes 7 enero 1929.
10.- A Roma. 20 jun. 1931.
11.- Ibíd. 13 abr. 1929.
12.- A un religioso. 20 sep. 1928.
13.- Borrador para la Const. de 1929.
14.- Plática a los novicios. 9 feb. 1930.
15.- Ibid.
16.- A Roma.
17.- Plática a los estudiantes. 17 enero, 1932.
18.- 25 de dic. 1932.
19.- Comentario a las Constituciones. 15 abr. 1934.
20.- Carta a un sacerdote. 20 marzo, 1934.
21.- Carta al P. José M. González. 19 marzo, 1919.
22.- Plática a los novicios. 6 sept. 1918.
23.- Carta a Roma. Sin fecha.

24.- A un misionero. 3 dic. 1923.
25.- AI P. V. Mendez.
17 dic. 1923.
26.- A una religiosa. 22 de junio 1924.
27.- A una religiosa. 6 dic. 1928.
28.- A la casa de Roma. 5 mayo 1930.
29.- Retiro. 4 Nov. 1925.
30.- Retiro. 22 de abril, 1934.
31.- Carta a Roma. Sin fecha.
32.- Constituciones No. 48.
33.- Ibid. No. 96.
34.- A la casa de Roma. 29 abr. 1934.

 

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