Vida y Espiritualidad de Félix de Jesús Rougier


Misioneros del Espíritu Santo
Vida y Espiritualidad del
Venerable Félix de Jesús Rougier, M.Sp.S
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Ricardo Zimbrón L., M.Sp.S.

 

 
 
   
  
   
  
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CAPÍTULO XVI

ESTADO ACTUAL DE LA CONGREGACIÓN 
 

DATOS ESTADÍSTICOS
 

Los Misioneros del Espíritu Santo tenemos ya 93 años de haber sido fundados. Nuestro desarrollo ha sido muy lento. Estos datos corresponden a 2006. 

Somos 255 sacerdotes, 84 religiosos estudiantes (de filosofado y teología), 16 religiosos coadjutores; y en los noviciados, un promedio que oscila entre 30 y 40 novicios cada año. 

Actualmente atendemos 19 parroquias, en las que tratamos de difundir nuestra espiritualidad y nuestras obras propias. Atendemos además 14 centros de espiritualidad y de oración; son casas que no son parroquias, sino templos para el apostolado litúrgico, con salones anexos para atender grupos de evangelización, de catequesis progresiva, de estudios bíblicos, de oración, de estudio y vivencia de nuestra espiritualidad a través de las Obras de la Cruz. En estas casas atendemos además con especial cuidado, el ministerio de la Reconciliación, y la adoración ante el Santísimo Sacramento. 

Tenemos además 5 casas destinadas a retiros y ejercicios espirituales, una casa de Misioneros destinados al servicio espiritual y material de los sacerdotes, una Escuela Apostólica, tres noviciados, (dos en México y uno en Estados Unidos), cuatro casas para estudiantes de filosofía o de teología (México, Roma, Estados Unidos, Colombia), dos casas de pastoral juvenil y vocacional.  

La gran mayoría de nuestras casas están en la República Mexicana. Fuera de ella tenemos algunas casas en Estados Unidos, España, Italia, Chile, Colombia y Costa Rica. Actualmente hay en la Congregación un fuerte movimiento de expansión fuera de nuestras fronteras. 
 

ACTIVIDADES 
 

Es lógico que la actividad concreta de cada Misionero del Espíritu Santo sea diversa, según le toque desempeñar su apostolado en una parroquia, en un seminario, en un centro de espiritualidad, en un equipo al servicio de los sacerdotes, etc. Cada uno, de acuerdo con los superiores, trata de estar en donde puede desempeñar un mejor trabajo, según las aptitudes y carismas que haya recibido de Dios. 

Pero cada Congregación religiosa tiene una misión propia en la Iglesia, y por lo tanto, cada Misionero del Espíritu Santo deberá desempeñar su misión característica en donde quiera que se encuentre. A este respecto nuestras Constituciones dicen lo siguiente: 

"Nuestra misión es la misma de Jesús, que fue enviado a salvarnos y santificarnos por el don de su Espíritu. 

Como apóstoles del Espíritu Santo y de la Cruz de Cristo, somos enviados a promover en todo el Pueblo de Dios la Santidad, según nuestra espiritualidad. Así haremos más y más fecunda la acción del Espíritu Santo en las almas que Dios se digne confiarnos". (Art. 3.) 

"Nuestra consagración a Dios en la vida religiosa (por los votos de pobreza, castidad y obediencia), es por sí misma un apostolado. Si la vivimos con alegría y plenitud, daremos testimonio de que el Señor es merecedor del amor total y de la entrega exclusiva, y de que es fuente inagotable de felicidad desde la vida presente. Enviados a difundir el espíritu de Cristo Sacerdote y Víctima, tendremos presente que la manera de lograrlo será no solo predicándolo, sino sobre todo viviéndolo. 

Por su gran eficacia, la oración personal y comunitaria constituye nuestro principal apostolado. 

Llamados por vocación a participar con gozo de los sufrimientos de Cristo, haremos también del sacrificio un apostolado muy valioso. Unidos a Cristo víctima, seremos con Él y en Él víctimas para la gloria del Padre y la salvación de todos. 

Convocados para formar una familia, viviremos gozosamente en comunidad, y así haremos que todos se sientan invitados a vivir fraternalmente, como hijos de un mismo Padre" (Art. 52.) 

"Nuestra misión característica pide un orden de prioridad en nuestros destinatarios, que son: 

a) Los sacerdotes. 

b) Los cristianos que profesan los consejos evangélicos. 

c) Los laicos. 

Los sacerdotes están llamados por su consagración a una configuración peculiar con Cristo, Pastor de la Iglesia. Ellos son los principales responsables en la edificación del Pueblo de Dios. Por eso ellos son los primeros destinatarios de nuestra misión pastoral. Dedicaremos a su servicio lo mejor de nuestros esfuerzos y recursos personales y comunitarios; fieles a la enseñanza de nuestro Padre Fundador; "Nada de lo que mira al sacerdocio nos debe ser indiferente". 

Con la gracia del Señor, ayudaremos a nuestros hermanos sacerdotes a buscar su transformación en Cristo, Sacerdote-Víctima. De esta manera colaboraremos a que unifiquen su vida inte­rior con las exigencias de su acción externa; así contribuiremos a una profunda renovación de la Iglesia". (Art. 55.) 

"Después de los sacerdotes atenderemos a los cristianos que están llamados a la santidad por una especial consagración al Señor en la profesión de los consejos evangélicos. Procuraremos impulsarlos a responder a su propio carisma, y a que lo vivan con el espíritu de Cristo Sacerdote y Víctima". (Art. 56.) 

"Dedicaremos también nuestra acción apostólica a los laicos, y a que todos ellos están llamados a vivir el sacerdocio bautismal. Atenderemos particularmente a los que quieren vivir nuestra espiritualidad. Para que esta espiritualidad se encarne en ellos, les ayudaremos a descubrir a Dios en las realidades temporales y a transformar en ofrenda grata a Dios todas sus obras: sus oraciones, sus iniciativas apostólicas, su vida conyugal y familiar, su trabajo cotidiano, su intervención en la vida pública, su descanso, e incluso las penas de la vida. Les ayudaremos por medio de nuestras Obras de la Cruz a encontrar el modo de mantener viva su identidad cristiana en medio de los conflictos y tensiones entre el mundo y su fe". (Art. 57.) 

"La Congregación, como parte de la Iglesia, participa también en la gran responsabilidad cristiana de evangelizar a los no creyentes. 

Con espíritu de fe y obediencia podremos aceptar misiones entre los pueblos no creyentes, cuando la Sede Apostólica quiera confiarlas a la Congregación". (Art. 58.) 

"Llamados por el Señor para promover la santidad en el pueblo de Dios, y sabiendo que cada uno llega a ella por una respuesta generosa y total a su vocación personal (matrimonio, sacerdocio, vida religiosa, etc.), los Misioneros del Espíritu Santo haremos de la promoción vocacional una actividad permanente en nuestro apostolado, poniendo empeño en que cada uno descubra y madure su propia vocación en la Iglesia; sobre todo por medio de la dirección espiritual". (Art. 59.) 

"En nuestro servicio apostólico, tendrán preferencia las Obras de la Cruz. 

Según su origen histórico, estas obras son: El Apostolado de la Cruz. Las Religiosas de la Cruz. La Alianza de Amor con el Sacratísimo Corazón de Jesús, la Fraternidad Sacerdotal, y nuestra Congregación de Misioneros del espíritu Santo" (Art. 60.)

 

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