Vida y Espiritualidad de Félix de Jesús Rougier


Misioneros del Espíritu Santo
Vida y Espiritualidad del
Venerable Félix de Jesús Rougier, M.Sp.S
.
Ricardo Zimbrón L., M.Sp.S.

 

 
 
   
  
   
  
  Página Principal

Anterior | ÍNDICE | Siguiente    

   
 

UNA VISIÓN DE CONJUNTO
 

Cierto día el joven Félix de Jesús levantó la mano en el patio del colegio para indicar que aceptaba irse de Misionero. Desde ese momento, Dios aceptó su entrega. Félix tenía 19 años. 

Pero el 4 de febrero de 1903 Dios le hizo ver nuevos horizontes y lo invitó a seguir más de cerca a Jesús, que va cargando una Cruz, camino al calvario, para cumplir la voluntad del Padre y salvar a los hermanos. Y el padre Félix, decidió seguir a Cristo, Sacerdote y Víctima. 

Después de un año que fue, según él, "Su noviciado" en aquel camino nuevo de las Obras de la Cruz, pidió permiso para fundar a los Misioneros del Espíritu Santo, porque Dios se lo había pedido. 

Se burlan de él. Lo tienen por iluso. Le niegan el permiso. Lo destinan a pedir limosna y a enseñar a niños... 

Diez años obedece, sufre, y confía en Dios. Diez años se entrega a la voluntad divina sin reservas, para fundar o para no hacer nada. Lo que Dios disponga. 

En 1914 obtiene el permiso deseado, pero solo por dos años. Regresa a México cuando ya contaba con 53 años de edad, y lo encuentra en el peor momento de su historia. Sin perder un solo día, comienza a luchar por cumplir el encargo que el Señor le había hecho. Pero se acaban los permisos: tres veces por dos años, y una por cinco años. Y cada vez, el humilde fundador está dispuesto a obedecer, a dejarlo todo si Dios así lo quiere, "a irse a la isla más remota de las misiones de Oceanía". 

Por fin, después de once años de plazos angustiosos, le otorgan el permiso definitivo: Ya es Misionero del Espíritu Santo para siempre. Pero es ahora cuando la persecución religiosa lo golpea con toda su violencia. Le cierran los templos, le confiscan las casas, lo persiguen a muerte. Y él acepta todo, "porque Dios así lo permite y Él es verdaderamente Padre". Y alienta a los desalentados, y consuela a los abatidos, y ruega por los enemigos, y anhela dar la vida por su Señor. 

Desde 1903, Jesús lo había invitado a subir a su Cruz. Y allí estuvo durante 33 años: cinco en Barcelona, cinco en Saint Chamond, y veintitrés en el México revolucionario. ¡Qué larga constancia! ¡Qué continua fortaleza! 

Hubiera sido más fácil el martirio. Pero Dios quiso que el padre Félix fuera el modelo de los que aceptan la Cruz de Cristo pa­ra estar clavados allí todos los días, con tenacidad incansable hasta que la Cruz de la enfermedad rompa la Cruz de esta vida y aparezca el lado luminoso de la Pascua. 

Si queremos estudiar la espiritualidad de la Cruz, acudamos a los escritos de Conchita Cabrera y de Mons. Luis Martínez. Pero si necesitamos un modelo asequible y alentador para poder vivirla, fijémonos bien en la vida del padre Félix. 

Él es un héroe que no deslumbra con el brillo de sus hazañas. Es un hombre simple que supo cargar con fe la cruz de cada día, y que supo suavizar la carga con el amor al Padre y a una comunidad de hermanos. 

Porque el padre Félix no es uno de esos héroes solitarios. Siempre estuvo ayudando a muchos a caminar con sus cruces, y siempre supo dejarse ayudar para cargar la suya. Constantemente buscó la vida comunitaria, amó a los amigos, amó a los hermanos, y aceptó sin reservas ser amado por ellos. 

El padre Félix es un buen modelo para la gente común. No es difícil caminar a su lado, porque su camino es simple: cumplir la voluntad de Dios, de ese Dios que es Amor.
 

Anterior | ÍNDICE | Siguiente

 

 

 © 2008, Misioneros del Espíritu Santo. Derechos Reservados.