Vida y Espiritualidad de Félix de Jesús Rougier


Misioneros del Espíritu Santo
Vida y Espiritualidad del
Venerable Félix de Jesús Rougier, M.Sp.S
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Ricardo Zimbrón L., M.Sp.S.

 

 
   
  
   
  
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CAPÍTULO XIII

¡FELICES LOS PERSEGUIDOS!
 

Pronto sucedió lo que el P. Félix más temía, los agentes del gobierno descubrieron la Escuela Apostólica y el Noviciado. Pero aceptaron dinero a cambio de no hacer la denuncia. El P. Félix que no conocía el vocabulario mexicano para designar cierta clase de negocios le escribió al P. Iturbide: 

"Si podemos seguir adelante con limosnas a la policía, yo daría gracias con todo el corazón a la Divina Providencia". 

En una carta a los estudiantes de Roma les dice: 

"Nuestra iglesia de Morelia está cerrada. Los dos padres viven separados en casas distintas; no se atreven a reunirse porque habría más peligro. Pero desde donde están, sin salir, hacen mucho bien a mucha gente. 

En nuestra iglesia de los Remedios, el P. Ramón del Real se ha portado muy valientemente, y en ciertos casos heroicamente. No ha querido abandonar la parroquia a pesar del peligro de prisión o de algo más grave. Ha seguido administrando sacramentos allí y en la parroquia vecina, cuyo señor cura desapareció hace meses. 

En cuanto a Santa Clara, ahora el padre no puede ni asomarse allá para evitar la cárcel. Está oculto en casa de la Sra. Cabrera. (1 de febrero 1928). 

Un año más tarde, debido a la presión que estaban ejerciendo los "Cristeros", cada vez más fuertes y más victoriosos, el gobierno determinó buscar una solución pacífica al conflicto religioso. Y así fue que el 21 de junio de 1929, en el Castillo de Chapultepec se firmaron los "acuerdos" entre el presidente interino Portes Gil por parte del gobierno, y los Monseñores Pascual Díaz y Leopoldo Ruiz por parte de la Iglesia. Tales acuerdos no eran favorables a la Iglesia. Las leyes adversas no se modificaron ni en lo más mínimo. Apenas si se concedió una libertad muy limitada para ejercer el culto. ¿Por qué entonces se aceptaron semejantes tratados? ¿Por qué se le ordenó al movimiento Cristero que dejara las armas cuando estaba en camino de derrocar a un gobierno que era rechazado por más del 95% del pueblo mexicano? 

Todo eso sería largo de explicar. Lo cierto es que fue por mandato de Pío XI, que se atuvo a los informes de algunos obispos mexicanos. La razón que dieron fue que "Puesto que el gobierno buscaba la paz, había que secundarlo para evitar más derramamiento de sangre". 

Más tarde, el mismo Pío XI, escribe una encíclica (Acerba nimis) en la que se lamenta con amargura de la persecución religiosa en México, y de la falta de cumplimiento al compromiso contraído en 1929. Pero de nada sirvió. Ya era tarde. El error político que había cometido tres años atrás, ya no tenía remedio.

Nosotros apenas si podemos comprender los sufrimientos que soportó el P. Félix a causa de esta persecución religiosa, tan prolongada, que le tocó vivir desde 1914 hasta 1937, poco antes de su muerte. Hay que pensar, de una manera realista, en lo que es vivir refugiado en casas ajenas, sin poder atender bien a su Congregación, ni conseguir nuevas vocaciones, ni ejercer su ministerio. El ver cerradas sus iglesias, dispersados a sus hijos, amenazada toda su Obra... Y esto día tras día y año tras año, con altas y bajas viviendo en un país que no era su Patria. 

Sin embargo en sus cartas no encontramos ninguna queja, sino una plena aceptación de la voluntad de Dios, confianza en él, oración por los enemigos, gratitud al Señor por haberle concedido la bienaventuranza de ser perseguido por su causa, y el sincero deseo de ser mártir. 

El ejemplo que nos dejó el Padre Félix es el de alguien que supo hacer realidad en su vida diaria su ofrecimiento al Padre de los Cielos como una víctima en unión de Cristo, por la salvación de todos; pero con sencillez, con optimismo, con alegría, "con mucho gusto", como él decía con frecuencia. 

He aquí algunas líneas escogidas casi al azar de sus cartas correspondientes al período que estamos analizando: 

"México está sufriendo una prueba muy dura. Estamos pasando horas tristes, pero tenemos gran confianza en Dios. Esta Obra, estas vocaciones son suyas, “¿Cómo podrían perecer?" (A los estudiantes de Roma). 

"Tenemos cinco casas que solo Dios puede preservar de la ruina total, a causa de la ley de la confiscación de los inmuebles. Por mi parte, estoy dispuesto a decir AMEN a todo lo que Dios quiera, y lo diré con la sonrisa en los labios, porque Dios es infinitamente Padre, y lo que permita, será para nuestro mayor bien. Veo venir una ola furiosa. Pero tal vez sea la última. Y si no, que sea lo que Dios quiera, lo digo con todo el corazón" (Carta al P. Rieu). 

"Dicen que se viene una crisis muy dura. Pero... ¡vamos! ¿Acaso sucede algo sin que Dios lo permita? Lo único que necesitamos es paciencia, amor y confianza. Jesús nos guardará y no nos pasará nada. ¿Quién como Dios?" (Carta al P. Iturbide). 

"Todavía Jesús nos ha dejado esta Semana Santa bajo el poder de sus enemigos, ¡Qué se haga su voluntad! Y que él que perdonó al buen ladrón, les dé también a ellos una buena hora de arrepentimiento, y les perdone tantos males que han hecho. La misericordia de Dios es infinita, y a todos alcanza" (Carta a Elisa García). 

"Jamás se había revelado tan heroica y tan llena de fe el alma mexicana. Pero la persecución se hace cada día más cruel. Muchos tienen miedo, y yo también tengo una espina clavada en el corazón, es el temor de ver cerrados el noviciado y a la Escuela Apostólica, y sus habitantes puestos en la calle. Pero el Padre puede más que todos. Si nos castiga, bien lo merecemos. Si nos purifica, es porque nos ama. Pero pobres de los que ahora le sirven de palo para castigar a sus hijos, hay que pedir mucho por ellos. Yo así lo hago con todo mi corazón. Son también nuestros hermanos, que Jesús nos perdone a todos" (A la casa de Roma). 

"México está martirizado físicamente y moralmente, ¡Cuanto se sufre en la persecución! A mí no me importan las humillaciones y amarguras por las que pasamos, lo que me duele es que muchas amas se pierden a causa de todo esto" (Carta al P. Angel Oñate). 

"Actualmente la casa de Morelia es la que más sufre, pero todos estás felices y con la sonrisa en los labios. Dios nuestro Padre nos cuida. Estamos, pues bien cuidados" (A la casa de Roma).

"Aunque estamos muy angustiados interiormente, pasamos por esta prueba con alegría, pues nuestro Señor nos ha dicho que seremos muy dichosos si somos perseguidos por su causa. ¡Qué palabra tan consoladora! A todos nos llena de aliento, ya que sólo a causa de Él, es por lo que en este momento somos perseguidos" (Carta a Alice Calamy). 

"Tengo que seguir escondido, porque me están buscando. Es muy dulce ser perseguido por ser discípulo de Jesús. Me siento tranquilo y en paz. Y también feliz ¿porqué no? Si me veo perseguido es porque soy suyo". (A blanche Giraud). 

"Ando por todas partes, pues la Masonería persigue con rabia a los servidores de la Iglesia. Desde que empezó la persecución en 1929, cerca de 150 sacerdotes de esta nación han recibido la corona del martirio, ¡Dichosos mil veces los que compartan su suerte! Esto ya me lo han anunciado para mí. Con toda mi alma deseo esa dicha, aunque no la merezco" (Carta a Alice Calamy). 

"Humanamente hablando, no se le ve remedio a esta situación, pero nosotros tenemos confianza en Dios, que en la historia de la Iglesia ha intervenido miles de veces en favor de los que ama. Dicen que vamos a vivir horas trágicas por el triunfo del socialismo y del ateísmo. Si es así, lo único que pediremos a Dios es que sepamos resistir hasta el martirio, o el destierro, o las persecuciones de cualquier clase, y así seguiremos a nuestro Señor más de cerca" (Carta a la R. M. Isabel Padilla). 

"Tuve que venirme a esconder aquí hasta que pase el chubasco.

Si la cosa sigue tan mal, y nos quitan todo, todo, todo, bendito sea Dios. Porque sabemos y creemos firmemente que todo viene de Dios, y también que todas las pruebas que envía a los que ama, son para su bien". (A los novicios). 

A la superiora de una congregación religiosa le escribe: 

"Ustedes también son perseguidas únicamente porque son de Cristo. Sé que su casita ha sido ya denunciada, ¡Felices ustedes y nosotros! ¡Felices los que sufrimos a causa de Jesús: porque será muy grande nuestra recompensa!. Queremos lo que el Señor quiera. Todo lo que Él quiera. Así que no vamos a decirle: Señor, líbranos de esto o de aquello. No, todo lo que él quiere es lo que queremos nosotros y ustedes. ¿Verdad que sí?" (A la R. M. Isabel Padilla). 

"Los Misioneros del Espíritu Santo están seriamente amenazados por todas partes. Pero los veo muy tranquilos. Saben que todo viene de Dios y que Dios es Padre. Si les quitan todo y los persiguen cruelmente, les parecerá bien. La persecución es una gracia muy grande, es prenda de inmensos favores para el futuro si la recibimos como debemos" (A los estudiantes de Roma). 

A pesar de todo lo dicho, y gracias a aquellos "arreglos", los años 1930 y 1931 fueron bastante favorables para la iglesia y para la Congregación. De hecho, fue en 1931 cuando el Padre Félix pudo organizar bien la "Casa Sacerdotal" destinada a la asistencia espiritual y material de los sacerdotes. Esta casa, que estaba situada en Coyoacán, estuvo dando excelentes servicios hasta el 15 de abril de 1936, cuando fue confiscada por el gobierno. 

El mismo año (1931) el 7 de diciembre, el padre Félix aceptó que los Misioneros del Espíritu Santo se hicieran cargo de atender el templo de San Felipe de Jesús, situado en la Av. Madero No. 11, en el centro de la Ciudad de México. 

Por las cartas del P. Félix podemos saber cómo marchaba por entonces el desarrollo de la Congregación: En 1930 escribe:

"Somos 115 (contando apostólicos, novicios, estudiantes y sacerdotes), ¡Qué pocos en 16 años! Pero doy gracias a Dios porque creo que todo lo que hemos hecho es sólido" (Carta a Teresa Lozano). 

En 1931 escribe: 

"Aquí las cosas van muy bien y se vive en una relativa tranquilidad. Nuestro Señor bendice las Obras, y se desarrollan a pesar de grandes dificultades. Ya somos 135. El espíritu de nuestros jóvenes es excelente, gracias a Dios. Pensamos en nuevas fundaciones tan pronto como lleguen de Roma los nuevos sacerdotes". (Carta a su sobrina Ivonne). 

En 1933 escribe:

"Somos ya 154, de los cuales 17 están en Roma haciendo estudios especiales. Estos nunca habían tenido tan buenas calificaciones como este año. Yo no ceso de dar gracias a Dios por haber bendecido así estudios. Es el porvenir. En todas las casas hay fervor y plena observancia, y un gran amor a nuestra Madre Santísima". (A Teresa Lozano). 

El 13 de octubre de ese año (1933) le escribe a un novicio: 

"Yo hice la fundación sin recursos, y no tuve que pedir limosna porque nuestro Señor, con la ternura de una madre, día a día nos envió todo lo que necesitábamos, y nunca nos faltaron alimentos, ni vestidos, ni nada. Y esa intervención continua de Jesús no sólo fue en los principios, sino que ha durado hasta hoy. Y a medida que el número de los miembros de la Congregación ha ido aumentando, también El ha mandado mis recursos. ¡Qué cosas tan admirables, que gratitud debemos tener para nuestro Señor!" (Al hermano Ramón López). 

En 1935 escribe a Mons. Leopoldo Ruiz: 

"Se acaban de ordenar tres nuevos Misioneros. Con estos tres completamos el número de cuarenta sacerdotes, ¡Bendito sea Dios! La formación ha sido larga, pero tenemos la seguridad de que ha sido sólida". (13 de agosto 1935). 

En 1936 escribe al Superior General de los Maristas, su amigo, el padre Ernesto Rieu: 

"Va a terminar este año, que ha sido rico en cruces. Esta pequeña Congregación ha perdido sus principales casas, pues han sido confiscadas por el Gobierno (La Escuela Apostólica, el noviciado, y la casa de estudiantes de filosofía y teología). Pero las vocaciones han aumentado, y estamos dándoles buena formación. Somos casi 200, y damos gracias a Dios por habernos ayudado tan poderosamente estos 22 primeros años. Porque si las pruebas no nos han faltado, los consuelos de Dios han sobreabundado" (30 de Dic. 1936).

 En su carta anterior, el padre Félix se refiere a la nueva persecución religiosa del presidente Cárdenas, que duró hasta 1937, y que despojó a la congregación de casi todas sus casas. El año 1935 fue el más duro de esa persecución. 

El 25 de marzo de ese año, (1935) el padre Félix escribe: 

"Aquí, medio derrotados. Los apostólicos en un lugar provisional, los novicios en otro, los filósofos en otro, y los teólogos en otro. Son por todos 130, y no hemos perdido ni una sola vocación. Todos han mostrado su amor a Cristo y su amor a la cruz. ¡Felices los perseguidos por ser de Cristo, porque será muy gran­de su recompensa! 

He visitado a los 52 muchachos de la Escuela Apostólica, y los veo más felices y resueltos que nunca. Esto es una bendición de Dios. La educación en tiempos de persecución es la más sólida y la más eficaz, porque ven ejemplos heroicos que se graban para siempre en sus memorias". (Carta al P. Angel Oñate). 

A fines de mayo, el padre Félix describía así el estado de las cosas: 

"La situación sigue igual. Pero es una gran dicha, una bienaventuranza que nos quiten nuestras casas, muebles, camas, ropa, etc., únicamente porque somos de Jesucristo. De ninguno he oído ni una sola queja. Todos han tenido que sufrir: durmiendo en el suelo, y con escasez de vestido, de alimento, etc. De nuestra casa de Roma todos nos han felicitado porque hemos superado las pruebas. Y nosotros nos sentimos felices y sabemos que Jesús está contento. No pensamos salir de México, porque aquí hemos encontrado buenas vocaciones, fe viva, familias muy cristianas, buena educación, gente ya formada para la vida religiosa". (Carta a Blanche Giraud. 5 de mayo 1935). 

A su director espiritual le dice lo siguiente: 

"Hemos resistido la persecución, perdonando de todo corazón a estos señores, y encomendándolos a Dios. Hemos sufrido mucho, pero con amor. 

La Escuela Apostólica es ahora la más probada, pero no hemos perdido ni una sola vocación. Han comprendido todos nuestros muchachos que la persecución a causa de nuestro Señor es una bienaventuranza y se han mostrado valerosos, alegres, optimistas, y llenos de confianza en Dios. En sus estudios han merecido excelentes calificaciones, de lo cual doy gracias a Dios. 

A pesar de tantas dificultades, vamos adelante y arriba. Somos actualmente 141 más los que están en Roma. ¿Verdad padre, que es para dar gracias a Dios?" (Carta a Mons. Ruiz 30 de mayo 1935). 

¿Y el padre Félix cómo estaba? 

Su fuerte constitución estaba muy quebrantada a pesar de su invencible optimismo. Tantas penas y tantas preocupaciones hablan hecho profunda mella en su salud. En el Diario de Conchita Cabrera encontramos esta nota, muy expresiva: 

"Me visitó de nuevo el Padre Félix. Cada vez lo encuentro más flaco y más santo" (Abril 1935).
 

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