Vida y Espiritualidad de Félix de Jesús Rougier


Misioneros del Espíritu Santo
Vida y Espiritualidad del
Venerable Félix de Jesús Rougier, M.Sp.S
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Ricardo Zimbrón L., M.Sp.S.

 

 
 
   
  
   
  
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CAPÍTULO VIII

PALABRAS DEL SEÑOR
 

Varias veces nos hemos referido a los escritos de Conchita Cabrera, fruto de su carisma de profecía, comprobado como auténtico por excelentes teólogos. Hemos dicho ya que este carisma consiste en transmitir mensajes de parte de Dios. En este capítulo, vamos a seleccionar algo de lo que Conchita escribió acerca de los Religiosos de la Cruz, que después fueron llamados Misioneros del Espíritu Santo. 

Las fuentes principales de estos textos son: la "Historia de la fundación de los Misioneros del Espíritu Santo", escrita por Conchita, y su "Cuenta de Conciencia", que es su diario espiritual. 

"Cuando el Señor me habló de la Congregación de las Religiosas de la Cruz, en febrero de 1894, dijo: 

--Habrá también una congregación para hombres, cuando la de mujeres haya sido aprobada. Pero de esto, a su tiempo hablaré". (Hist. Pág. 1). 

"Eran muy grandes las promesas del Señor para este grupo escogido. Dijo que se multiplicaría como las estrellas del cielo y que daría gloria a la religión cristiana, mártires y santos a su iglesia" (Ibid.).

"De vez en cuando, en el transcurso de 10 años, hizo alusión a esta promesa, sobre todo cuando se quejaba de los pecados de algunos sacerdotes; y se refería a los futuros apóstoles de la Cruz como a un lugar para su descanso" (Ibid.). 

Dijo el Señor: 

-"Deseo que esos sacerdotes sean perfectos, llenos de amor al Espíritu Santo y a la Cruz y que enciendan al mundo con el fuego divino que ansío ver arder en todas las almas. 

Quiero que sean hombres de oración. Que tengan sus delicias al pie de mi sagrario y que de allí saquen ese fuego que van de comunicar en su ministerio" (Ibid). 

"Mira hija, me dijo el Señor una noche, sufro mucho a causa de los malos sacerdotes, sobre todo cuando consagran el pan de la Eucaristía y me reciben en la Comunión con el alma impura. Muchos de los que el mundo cree que son tales, no lo son en realidad. 

Quiero a los sacerdotes de la Cruz para que de verdad me amen y me pertenezcan. 

Y yo multiplicaba mis oraciones y mis sacrificios para que llegara esa Congregación de hombres puros y sacrificados" (Ibid.). 

"Pasaron 10 años desde que el Señor había anunciado lo referente a los Sacerdotes de la Cruz, y se recrudecían mis ansias de que llegara el cumplimiento de esas promesas. 

Vinieron penas muy grandes, enfermedades mortales, y la viudez... Y al fin dejé arrinconada esa idea, abandonándolo todo en manos de Jesús. Hasta que llegó el año de 1903, el 4 de febrero, cuando de una manera providencial me llevó el Señor con el padre Félix Rougier, de la Sociedad de María" (Ibid.). 

29 de abril de 1903. "Hoy, después de comulgar, se me vino a la mente que era imposible realizar la fundación de hombres, porque habría un tropel de dificultades. Pero escuché una voz que me dijo: 

--Lo que es mío se realiza infaliblemente. ¿Qué es lo que temes? Todo lo de los hombres pasa, pero mi promesa no pasará". (Cuenta de Conciencia). 

"El 19 de junio el Señor me dijo: 

--Vendrá una pléyade de sacerdotes santos, que encenderán al mundo con el fuego de la Cruz. 

Yo le pregunté: 

-- ¿Serán los de la Congregación que has anunciado mi Jesús? 

--Sí. Ellos se formarán en una singular perfección con la doctrina que te he dado, que es la esencia del Evangelio. Tú serás madre de muchos hijos en el espíritu, pero te costarán mil martirios. Yo abriré los caminos. Seme fiel y cumple mi voluntad". (CC junio 1903). 

14 de abril de 1904. "Hoy concluí las Constituciones para la Congregación de hombres. Sólo falta el capítulo del Plan de Estudios, que de eso no sé yo. Pero entendí que es la voluntad del Señor que más que ciencia humana tengan la ciencia de la Cruz de Cristo, y que en todo tiempo den la primacía al espíritu. Pues de nada sirve que fueran sabios si no son santos. Ya se cansa el Señor de sacerdotes hinchados con su talento, que buscan los aplausos y la gloria para ellos y no para Dios. 

Las características de los Religiosos de la Cruz, serán la modestia, la pureza y la mortificación. Bien pueden ser un pozo de ciencia, pero de una ciencia que los hunda más y más en el conocimiento de su nada. Claro está que deben tener estudios suficientes para la dirección de las almas, pero lo importante es que los caminos y las virtudes que enseñen, sean caminos que ellos han recorrido y virtudes que ellos han practicado". (Cuenta de Conciencia). 

"Me dijo Mons. Valverde que considerara yo mis penas co­mo una moneda preciosa con la que el Señor quiere que compre las Obras de la Cruz. ¡Oh sí, sí! Con toda el alma ofreceré cuanto pueda para que se logre esa anhelada fundación de Sacerdotes de la Cruz". (CC 8 de mayo 1904). 

22 de julio 1912. "Vino a México Mons. Ibarra y arreglamos los puntos para el Directorio que quiere el Señor y que será un tesoro espiritual para los Sacerdotes de la Cruz. Se dividirá en cuatro partes: 

1.   Su vida como hijos de Dios Padre.
2.   Sus relaciones con el Verbo por el hecho de ser sacerdotes.
3.    Sus relaciones con el Espíritu Santo por el hecho de ser religiosos.
4.    Su íntima filiación con María (Cuenta de Conciencia). 

“Señor, ¿cuándo veré a los Religiosos de la Cruz? Le dije. 

Y me respondió: 

--Vendrán, hija mía, y tú los verás. Me darán mucha gloria y serán mi Congregación predilecta". (Hist. Pág. 260). 

"Ha dicho el Señor que si no son santos, espirituales y mortificados, harán ruido, pero no darán frutos para el cielo". (CC T. VI. Pág. 86). 

"Esta obra ayudará mucho a la regeneración del mundo, por medio de ella el Verbo viene a renovar el misterio de la Redención y a plantar su Cruz, no en la tierra sino en los corazones de muchos; y hará que arda en las almas el fuego del Espíritu San­to'' (1911. CC Pág. 44 T. 25). 

"Mira, hija, los Sacerdotes de la Cruz beberán de esta fuente, y se extenderán por todo el mundo. Irán como los Apóstoles, haciendo que se conozca a Jesús y que reine su Cruz. El Espíritu Santo realizará estas maravillas, y mi Padre será glorificado por ellos. Esos religiosos formarán como una nueva cruzada en todo el mundo, harán mucho bien, y en todas partes habrá una gran renovación" (CC 1913. 17 de octubre). 

"Esos religiosos vendrán para ser el complemento de mis Obras de la Cruz. Se ofrecerán al Padre como víctimas en mi unión y así alcanzarán la salvación y la perfección para muchas almas y me darán mucha gloria" (CC T. 25. Pág. 25). 

"Quiero que se ofrezcan conmigo al Padre, diciendo como yo: "ESTO ES MI CUERPO, Y ESTA ES MI SANGRE". Sólo así serán dignos de decir estas palabras al celebrar el Santo Sacrificio, transformados en Mí por la fiel imitación de mi vida y de mi entrega. 

¡Hay Hija, son muchos los sacerdotes que se atreven a pronunciar esas palabras santísimas sin la menor similitud conmigo...!" (CC T. 41. Pág. 319). 

"El mundo se hunde, y el Verbo viene a salvarlo una vez más.  Viene a marcar un nuevo camino, un campo de perfección, a santificar a las almas con medios fáciles y muy perfectos, para hacer contrapeso a la inundación de los vicios. 

A los Sacerdotes de la Cruz les toca realizar esta conquista. Por eso vivirán de mi vida, me copiarán por la pureza de sus cuerpos y por la santidad de sus almas y se transformarán en Mí por el sacrificio amoroso". (Hist. Pág. 108). 

"Yo te prometo que muchos de los Sacerdotes de la Cruz subirán a muy altos grados de perfección en la vida interior, en la vida mística, que es en la que pueden realizarse manifestaciones especiales de la Trinidad. Esta ciase de vida espiritual estaba co­mo expirando en el mundo de hoy, porque son muy pocas las al-mas que realmente se deciden a tomar la Cruz por mi amor. 

Pero esta apatía espiritual, este mundo de carne, introducido hasta en los religiosos, va a ser destruido. Y este siglo, si bien es un siglo de grandes pecados y de grandes cataclismos, lo será también de una reacción espiritual, de una resurrección mística y surgirá un ejército de apóstoles que darán gloria a Dios. 

-- ¿Pero, cuándo será esto, Dios mío? 

-- No tardará". (Hist. T. 1. Pág. 108). 

"Esta Obra es grande, porque es mía. No es de hombres, sino de Dios. Es una planta que crecerá y será un árbol frondoso en mi iglesia. Dará muchos frutos de santidad, y salvará a muchas almas. Pero este árbol necesita el riego de la Cruz, por eso esos religiosos unirán constantemente sus sacrificios con el mío. Yo estaré con ellos, y los que pertenezcan a esta Obra o ayuden a su extensión, tendrán un premio especial. 

Es necesario que los Sacerdotes de la Cruz se preocupen más por su santificación personal que por las actividades de su ministerio; que comprendan bien esto y que vayan al fondo de mi voluntad respecto a ellos. No quiero ruido exterior sino solidez espiritual. Que no tuerzan mis planes. Sólo si tienen una profunda vida religiosa personal tendrán mis bendiciones y cumplirán mis designios en la tierra. Primero soy YO que todas las cosas. 

Esta Congregación tiene sus fines particulares, su ser especial, su sello divino que debe conservar.  Esto es muy serio y en esto deben fijar su atención si no quieren malograr mis planes y exponerse a fracasar. 

Si me aman, y si quieren conservar en su genuino espíritu la Congregación, que estudien cuanto yo he querido de ella, que se formen dentro de ese Plan espiritual y vivan íntegramente la espiritualidad que yo les he dado. 

Entonces formarán conmigo como una sola alma y una sola voluntad". (CC T. 25. Pág. 236). 

"Yo soy el primer Sacerdote de la Cruz y soy el modelo de los que han de venir, porque soy sacerdote y víctima. Yo seré el primero en esa fundación y todos los que en ella ingresen sólo me seguirán y serán así mis verdaderos hermanos. Yo seré el que rija a esos Sacerdotes de la Cruz, porque los quiero santos. Ahí derramaré de manera muy especial mi Santo Espíritu, que encenderán las inteligencias y los corazones. Y el Padre fijará en ellos su mirada y derramará sus perfecciones en cada corazón que corresponda a la gracia insigne de servirle en esta Congregación". (Hist. T. 1. Pág. 105. Ver. CC febrero 10, 1907). 

"Mi única verdadera Esposa es la iglesia, a ella la escogí desde toda la eternidad para hacerla depositaria de todas las riquezas del cielo.  ¿No ves que en ella vivo y en ella tengo mis delicias? 

Pues los Religiosos de la Cruz serán una parte escogida de mi iglesia, yo te lo prometo y serán una inmensa palanca para la salvación del mundo. Los que se entreguen por completo a los ideales de esta Congregación, recibirán tesoros inmensos de santidad, para repartirlos a toda mi iglesia". (Hist. T. 1. Pág. 107). 

"Ese es mi designio para los Sacerdotes de la Cruz. Por eso quiero ser el hermano mayor que los guíe, que constantemente les sirva de modelo, que viva en su compañía, no sólo exteriormente en el Sacramento de la Eucaristía, sino muy especialmente en cada corazón, con la intimidad de hermano, de esposo, de amigo, de todo". (Hist. T.1. Pág. 112). 

"Yo seré el claustro de los verdaderos Religiosos de la Cruz. El claustro material es sólo un medio, pero el vivir en mi es su fin. 

Quiero llenar el corazón de esos hermanos míos que te he dicho, de esos hijos predilectos, de esas almas puras. Quiero que en Mí beban la ciencia del amor y de la Cruz; esa es la ciencia de los verdaderos santos". (Maná Escondido. Pág. 186). 

Cuando los Misioneros del Espíritu Santo leemos estas cosas, nos sentimos realmente preocupados. Sabemos que cuando Dios hace una alianza ofrece promesas grandiosas, pero condicionadas a la fidelidad del hombre. Dios prometió que esta Congregación se fundaría a pesar de cualquier oposición y cumplió su promesa, porque nuestros fundadores le fueron fieles hasta el heroísmo. Pero prometió también que seríamos muy numerosos, que habría muchos santos entre nosotros y que seríamos una poderosa fuerza de salvación en la iglesia. 

Mas la verdad es que no somos numerosos, ni vemos muchos santos, ni hacemos gran cosa en este mundo de Dios... 

¿Qué nos pasa? ¿Acaso no ha sido fiel el Señor en derramar con abundancia su Espíritu sobre nosotros? Sin duda ha sido fiel, y cada uno de nosotros es testigo de su amor y de su misericordia sin medida. Pero nuestra correspondencia no ha sido tan generosa. Por eso de buenos no pasamos. 

Pero siempre es tiempo de cambiar, de tomar en serio el amor que Dios nos ha tenido, de hacer opciones nuevas y justas, de "enderezar los caminos, para quo venga la salvación de Dios". 

¡Ten paciencia, Señor!... Vamos a pagarte nuestra deuda... 

Entonces nos harás numerosos como las estrellas del cielo, para santificar a muchos en tu iglesia. Amén.
 

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