Vida y Espiritualidad de Félix de Jesús Rougier


Misioneros del Espíritu Santo
Vida y Espiritualidad del
Venerable Félix de Jesús Rougier, M.Sp.S
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Ricardo Zimbrón L., M.Sp.S.

 

 
 
   
  
   
  
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PRIMERA PARTE
ORIGEN E HISTORIA

 

INTRODUCCIÓN

 

UN ENCUENTRO SORPRENDENTE 
 

4 de febrero de 1903. 

Son las diez de la mañana en la ciudad de México. 

El padre Félix de Jesús Rougier, Superior de los padres Maristas, que están en la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, desea salir para atender ciertos asuntos, pero algo extraño lo está deteniendo. 

En esto, el sacristán le avisa que una señora desea confesarse con él. 

Se confesó brevemente y, enseguida, comenzó a hablar de algo muy inesperado. El padre Félix lo cuenta así en una carta a su superior general: 

"Me descubrió todos los pliegues y repliegues de mi alma. Me reveló mis pensamientos, y me dijo que era necesario que saliera yo del letargo espiritual en que me encontraba, y que me entregara con más decisión al servicio de Dios; que emprendiera una nueva vida. 

Yo estaba estupefacto, conmovido, y agradecido con Dios, cuyos llamados había desoído tantas veces, y que, repentinamente, me estaba tendiendo la mano" 

En sus Memorias, el P. Félix relata este mismo hecho, y dice: 

"Esa señora desconocida, me habló de cosas de mi vida que es imposible que ella hubiera podido conocer naturalmente". 

Aquella extraña penitente era la Sra. Concepción Cabrera de Armida, una mujer extraordinariamente carismática y extraordinariamente santa. Todos sus amigos la llamaban Conchita, y nosotros la llamaremos así porque nos consideramos sus amigos. 

Ella cuenta en su diario que, esa mañana, yendo a casa de su mamá, algo inexplicable la hizo bajarse del tranvía, dirigirse a la iglesia de Lourdes y pedir confesarse con el P. Félix, a quien no conocía. Luego añade: 

"Como obligada por un impulso extraordinario, comencé a hablarle de las Obras de la Cruz, y de su espíritu. Yo sentía que las palabras no eran mías, pues hablaba con un fuego, con una facilidad, con algo que no podía ser sino del Espíritu Santo. 

Y, no sé cómo, vi el fondo del corazón del P. Félix, la mella que en él hacían esas palabras. Sentí claro que en él se obraba una transformación, que se le comunicaba una luz, que se le mostraba un camino y se le daba una gran fuerza para seguirlo". 

Luego Conchita siguió hablando acerca de las Obras de la Cruz, y cuando el P. Félix oyó lo referente a las religiosas de la Cruz, fundadas desde hacía seis años, y de cómo era su espiritualidad, preguntó si había una congregación de sacerdotes con ese mismo espíritu. Conchita respondió lacónicamente: 

"No, pero la habrá". 

Esta entrevista se prolongó dos horas. De ella tenemos también una relación escrita por Conchita en su Cuenta de Conciencia.

El diálogo termina así: 

--Ya lo habré cansado, padre; ya me voy. 

--A mí no me cansa nunca hablar de Dios. 

Enseguida Conchita prometió al Padre Félix regalarle un libro sobre el Apostolado de la Cruz, y se despidieron. 

El P. Félix comenta en su diario:

"En esta conversación mi vida se orientó hacia nuevos horizontes". 

Un mes después, el 2 de marzo, el Señor le habló a Conchita para decide que era su voluntad que el P. Félix fundara la nueva congregación de los Religiosos de la Cruz (que después se llamaron Misioneros del Espíritu Santo). 

Pero Conchita no le comunicó nada de esto al P. Félix, sino que primero consultó por carta a su director espiritual, que residía en Oaxaca y era por entonces el padre Alberto Cusco y Mir de la Compañía de Jesús. 

Hasta el 9 de abril Conchita habló con el P. Félix sobre este delicado asunto. 

"Y desde ese día no he tenido la menor duda de que Dios me llama a esto" (carta del P. Félix al Superior General). 

El 10 de abril, el Señor volvió a decirle a Conchita: 

"Quiero que el Padre Félix sea el fundador de la Congregación de hombres. Lo quiero para las Obras de la Cruz" (Cuenta de Conciencia). 

Pero la situación real no era sencilla para el pobre padre Félix.  Llevaba 25 años de vida religiosa en la Sociedad de María y amaba mucho a su Congregación.  ¿Debería pedir la dispensa de sus votos y salir de su comunidad para fundar el nuevo instituto? 

El 13 de abril, el P. Félix y Conchita conversaron largamente sobre estas cosas y Conchita le dijo estas palabras que resultaron proféticas: 

"Cuando llegue la hora, usted verá a su Superior General, y con su autorización, y sin salir de su Congregación, usted comenzará esta obra. Así se evitará que Ud. sea motivo de escándalo para sus hermanos y para otras personas. Después se hará  la separación, pero sin ruido". 

Las cosas sucedieron tal como Conchita las había anunciado, pero no tan pronto como hubieran querido ella y el padre Félix. Dios tiene sus caminos, y a veces nos resultan muy desconcertantes.
 

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